La seguridad al volante es fundamental a la hora de hacer un viaje por muy largo o corto que pueda llegar a ser y uno de los elementos principales son los cristales o las lunas del vehículo. Los cristales no sólo aíslan de las inclemencias del tiempo meteorológico, sino que también ayudan a protegernos de los restos de gravilla de la carretera, de lo que sueltan otros coches o, incluso, de animales como los pájaros o insectos, que en ocasiones se estrellan contra nuestro vehículo.

Además, las lunas ayudan a proteger a los pasajeros de los aplastamientos por culpa de un vuelco, ya que la composición de los cristales suele ser de vidrio templado y de vidrio laminado.

Hay parabrisas que se fabrican con vidrio templado y cuentan con una lámina de vidrio endurecida con un tratamiento de una temperatura a 600º C. Cuando se enfría bruscamente adquiere una resistencia mucho mayor que cualquier otro tipo de vidrio. Aunque al principio se utilizaba solo para el cristal delantero del coche, su efectividad ha hecho que se vaya extendiendo a todos los cristales.

Los vidrios tintados se encargan de absorber una parte de la energía solar, pero también se pueden instalar láminas en los cristales.